D. FRANCISCO CANO Y DE LA PEÑA

 

Nació en el lugar de San Esteban, y fue hijo de don Simón Cano y de doña Juliana de la Peña, ambos igualmente naturales de este lugar.

Después de haber aprendido a leer, escribir y contar en el colegio de Ahedo, pasó a Madrid, donde se dedicó al comercio y con mucho trabajo y tenacidad, destacando siempre la honradez, reunió una cuantiosa fortuna de la que hizo participantes, como otros muchos hijos de Carranza, a sus parientes y paisanos.

Por espacio de muchos años, fue consejero del Banco de España y de la Compañía Arrendataria de Tabacos.

El 5 de noviembre de 1876, pedía autorización al Ayuntamiento para construir una carretera de tercer orden desde la casa de herederos de Gregorio Bringas (en Concha) hasta más allá de la iglesia de San Esteban. Cuando dio por terminado este primer proyecto a sus únicas expensas, llevó a cabo la de Concha a Ambasaguas, pero ésta ya en compañía de su cuñado don Manuel de la Peña y Eguileor, y durante largos años pagó el jornal a dos peones camineros para conservación de las mismas.

También acometió una importante obra de reparación en la iglesia parroquial, y la instalación de dos nuevos altares laterales.

El hospital de Soscaño, se vio igualmente favorecida con un legado de quince mil pesetas en títulos del Estado al 4%, que lo administra el obispado.

Mas, no se conformó con promover el bien marerial, también se ocupó de la cultura y formación religiosa.

Fundó una capellanía colativa, cuyo capellán, estaría obligado a celebrar una misa todos los días de precepto antes de la misa mayor, a explicar el Evangelio y la doctrina cristiana en todas esas misas, administrar los sacramentos de penitencia y comunión a cuantos lo pidieran, dar la enseñanza a los niños de la escuela, cuando el maestro estuviere enfermo o ausente, para que así no sufra quebranto la enseñanza de los niños que a veces tienen más días de vacación que la reglamentaria, residir en la feligresía, y por fin aplicar ciento cincuenta misas anuales en sufragio suyo y de su hermana María Cano y de la Peña.

El capital, lo constituían 39.320 pesetas nominales en títulos del Estado al 4%, complementado con otras 15.000 de doña Dolores Zaldos para reparar el quebranto del capital primero, con motivo del tributo que sobre el papel del Estado impuso la Hacienda pública.

Esos valores los administra el obispado, y sus intereses se entregan al señor cura de San Esteban para su aplicación.

 

«VALLE DE CARRANZA»

HIJOS ILUSTRES DE CARRANZA

D. MANUEL LÓPEZ GIL

Cura Arcipreste de Soscaño

BILBAO, 1975

I. S. B. N. 84- 400 -8528 -1